La Semana Santa nos llama a elaborar platos con pescados, y me encontré con unas sardinas españolas, pescadas vaya a saber uno donde.
El buen precio me tentó, y llevé un kilo de las más grandes, fueron doce ejemplares.
Las freí luego de pasarlas por huevo y harina, y una vez frias las sumergí en un frasco en el que tenía aceite de oliva, vino blanco seco y vinagre.
Todo aderezado con sal y eneldo.
Dos días después las serví con puré de papas.
A mí me gustaron mucho, y solo paré luego de comer tres ejemplares.
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