
Mis recuerdos me llevan a mi infancia, a la casa de mi tìo René, en Peñarol Viejo, donde siempre pasábamos tan bien en su compañía. Fué en aquella casa donde nos reuníamos para envasar duraznos, pero creo que esto era un pretexto para pasar el domingo.Una jornada de trabajo, de reunión, y de comer todo el tiempo.
Al llegar teníamos todo listo, los frascos limpios y dispuestos, las tapas, la màquina de tapar que aún hoy uso, y los duraznos que mi tío compraba a un productor vecino.
De manera que al llegar mi mamá ya se disponía a ordenar el trabajo, y lo hacía empezando ella mismo, de forma tal que había que tomar un lugar y cumplir con su parte.
El mayor trabajo era pelar la fruta, a la que se aplicaban casi todos, en un clima de alegría, con la risa fácil de mi papá, René que le festejaba todo y las mujeres que se afanaban por llenar cada frasco.
Una vez llenos, se cubrían con un jarabe hecho con agua y azucar y ya se tapaba, cuando se tenìan algunos frascos llenos, se llevaban a un tanque ubicado sobre una parrilla.
Cuando este tanque estaba lleno de frascos, se cubría con agua y se encendía un fuego debajo para esterilizar de esta manera los duraznos. Pero aquí aparecía otro interes, con las brasas se cocinaba el asado y los chorizos que serían nuestro almuerzo.
Todo era movimiento, cada quien con su parte, y mostraban cuantos frascos llenaban.
Al ver el asado pronto, aparecían las ensaladas y claro, el vino producido en la mismo bodega.
Se suspendía el trabajo para disfrutar del almuerzo, festejar los cuentos, las bromas y comíamos entre risas y ofrecimientos de "Tome otro vaso de vino, Rivero" de mi tío, orgulloso de su trabajo.
Hoy son recuerdos de aquellos días, que me produce ese calorcito en el corazón la presencia de quienes ya no están entre nosotros pero permanecen con su ejemplo de vida sencilla.
En los mismos frascos, con la misma màquina, hoy envaso tomates, pero ya no hay fiesta.Más bien lo hago a solas, no he logrado trasmitir a mi familia la alegría del encuentro, de la reunión, de la actividad en conjunto para un fin común.
Quedaron atrás otros productos por no poder hacerlo solo, como el picadillo de cebollas y morrón que a Pablito tanto le gustaba, o los dulces. Como el de duraznos, o de membrillo, y la jalea de manzana.
Les cuento como hago estos tomates para que no tengan que hacer como yo que debí recurrir a este libro que como verán es tan pero tan viejo, que me pone en riesgo de que nada quede bien.
Busco unos tomates llamados Perita por su forma, de buena calidad como los que ven, selecciono los que estan maduros pero firmes, les practico un corte en su base y los pongo en una cacerola con agua hirviendo por dos minutos.
Les saco para otra cacerola con agua natural, les pelo con gran facilidad, y les coloco en un frasco, cuando este frasco esté lleno, reservando algo de aire para que cuando les esterilice no estallen, le agrego una cucharada de azucar y les tapo.
Solo queda esterilizarlos, los coloco en una olla grande que guardo para esos efectos, donde caben siete, les cubro de agua y los pongo a hervir durante 25 minutos.
Listo, ya tenemos un frasco de tomates naturales, para cualquier salsa en este próximo invierno, para una pizza, o una pasta.
Naturales, sin agregados, ni conservantes, y con tomates elegidos.
Quien podrìa ofrecer algo mejor?







