martes, 23 de septiembre de 2008

Del puerto del Buceo a la Marina de Washington




María Isabel recuerda cuando la iba a buscar al Richard Anderson, y de allí íbamos a comprar pescado al puerto del Buceo. Generalmente comprábamos corvinas, y las hacíamos a la cacerola con cebollas y papas, un plato que nos gustaba mucho.


Mientras recorríamos el lugar y veíamos las distintas ofertas le conté a mi hija que en una de aquellas visitas de pronto vió a un trabajador al que le faltaba un brazo, y como solía hacer en esas ocaciones me grita, ¨ Papá al señor le falta un brazo´´


De modo que traté de llamarle la atención con una historia que satisfacería su curiosidad poniendo en mí su mirada y dejando de señalarme al señor.


Y le conté que el brazo lo habia perdido cuando tratando de cazar una ballena, esta le comió el brazo. Afortunadamente se salvó, y hoy ya recuperado, cuando sale embarcado a pescar, debe estar muy atento, ya que como a la ballena le gustó mucho comerse el brazo, siempre está atenta para comerselo todo.


Pero lo que la ballena no sabe, es que junto con brazo se comió el reloj del señor, y este, siente el tic tac cuando se acerca.


Esto le permite eludir a la ballena y salvarse en cada oportunidad que esta trata de comérselo.


Recuerdo los ojos abiertos de María Isabel mirándome sin dudar de lo que le contaba.


Aqui compramos lomos de cat fish y los hicimos fritos a pedido de Sandino y Maria Isabel.


Los acompañamos con puré de papas y todos quedamos muy satisfechos.


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